11.22.2009

Rêves de musique et d'amour

Su voz era música.
Las palabras salían de su boca y se escabullían lentamente es mis oídos. Tan profundas.
Todavía recuerdo el roce de su piel con la mía. Esa mágica sensación que no puedo ni quiero olvidar. Las caricias eran perfectas y me dejaban sin habla. Sus manos, el paraíso.
Su imagen recorriendo mi cabeza al acostarme y levantarme. Los recuerdos que me invaden. Los momentos que me inquietan. Recuerdos. Momentos.
¿Por qué me juró amor eterno?; ¿Por qué si sabía que no iba a poder cumplir con su promesa? Todo en vano.
La ilusión había sido inmensa. Excesiva. Todo era demasiado bueno para ser cierto, pero como todo, acaba.
A la cuenta de tres: 1, 2, 3, había partido. En un abrir y cerrar de ojos ya no se hallaba aquí. “Cobarde”, escribí en mi pared. Cobarde, cobarde, cobarde.
Y entonces, todo lo que un día pudo ser tan lindo, empezó a lastimarme y hacerme mal. Contaba los días sin el y sufría día tras día la espera. Pero, ¿existía esa espera? ¿Iba a volver?
El era mi vida. Y cuándo se fue, se la llevo con el.
Debía asimilarlo, el me había dejado. Pero no podía adaptarme a la idea. La simple idea de que ya no estaba en mi vida, que ya no era mió; y debía dejar a las cosas que sean como tenían que ser. Así. Sola. Hasta que otro aparezca en mi vida, y me vuelva a prometer el mundo de rosas, que otros amores no supieron cumplir.